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MANGLARES DE ECUADOR: Un Tesoro en Peligro Silencioso

Agosto 1 de 2025

Los manglares son ecosistemas de gran importancia y, a pesar de ello, han enfrentado una severa reducción en las costas ecuatorianas. Su historia es una de vitalidad ecológica, riqueza económica y una lucha constante contra la deforestación. Entender su valor es esencial, especialmente en provincias como El Oro, y su rol como refugio para la preservación de vida y que además actúa como barrera natural de nuestras costas.

La Reducción Histórica de los Manglares: Un Ecosistema en Peligro

El panorama de los manglares en Ecuador
ha sido históricamente desafiante. Según una investigación de Carvajal y Santillán (2019) sobre el monitoreo de manglares en el Ecuador, desde la década de 1960, el país ha perdido aproximadamente el 22.8% de su superficie de manglar. Esta masiva deforestación, que ha significado la pérdida de decenas de miles de hectáreas, se debe principalmente a la expansión no regulada de la industria acuícola, como las camaroneras.

Durante el auge del camarón,
grandes extensiones de manglar fueron taladas para construir piscinas, una práctica que alteró drásticamente el equilibrio ecológico de las zonas costeras. Si bien las políticas de conservación han logrado frenar esta tendencia en los últimos años, la presión por el crecimiento urbano, la tala ilegal para madera y la contaminación siguen siendo amenazas persistentes.

Valor Económico y Ecológico: Un Ecosistema Indispensable

Más allá de su belleza natural, los manglares son un pilar de la economía y la biodiversidad en Ecuador. Desde una perspectiva ecológica, son ecosistemas de una riqueza sin par. Actúan como criaderos y refugios para el 70% de las especies marinas comerciales en sus etapas tempranas de vida, incluyendo peces, cangrejos y camarones. Su densa red de raíces y sustrato marino no solo alberga una biodiversidad única, sino que también funciona como un filtro natural que purifica el agua antes de que llegue al mar, regulando la calidad del ecosistema acuático.


 

Económicamente, los manglares sustentan la pesca artesanal que alimenta y da empleo a miles de familias costeras. Su valor va más allá de la pesca; son importantes sumideros de carbono, capturando y almacenando grandes cantidades de CO2, lo que los convierte en un aliado crucial en la lucha contra el cambio climático. Un manglar saludable es un motor económico silencioso que contribuye a la seguridad alimentaria, el empleo y la salud ambiental del país.

El Caso de El Oro: El Vínculo con la Acuicultura

En la provincia de El Oro, el rol de los manglares es particularmente crítico y está intrínsecamente ligado a su motor económico: la industria acuícola. Mientras que en el pasado la expansión de las camaroneras fue la principal causa de deforestación, hoy existe una mayor conciencia sobre la simbiosis necesaria entre ambos ecosistemas. Los manglares no son un obstáculo para la acuicultura; son su fuente de vida. Las aguas ricas y filtradas por los manglares proporcionan las condiciones ideales para las larvas de camarón, asegurando la productividad de las piscinas.

Sin embargo, el daño histórico es considerable. Un estudio de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) en 2001, citando datos de Clirsen, señalaba que de las 63,653 hectáreas de manglar que existían en la provincia, solo quedaban unas 18,905, lo que demuestra la magnitud de la pérdida. Esta deforestación también afecta directamente a la vida de los "concheros" y pescadores artesanales que dependen de estos ecosistemas para su subsistencia. La conservación de los manglares en El Oro no es solo una meta ambiental, sino una estrategia para la sostenibilidad a largo plazo de su economía y sus comunidades.

Una barrera natural

La función de los manglares como barrera natural insustituible es quizás su cualidad más subestimada. Su compleja red de raíces aéreas, troncos y follaje actúa como un muro biológico que disipa la fuerza del oleaje y reduce la velocidad del agua, reduciendo incluso la erosión de las costas y puertos. Estudios a nivel global, especialmente tras el tsunami del Océano Índico de 2004, demostraron que las áreas con manglares densos sufrieron menos daños y tuvieron un menor número de víctimas en comparación con las zonas desprotegidas.

Si las costas ecuatorianas, incluyendo las de El Oro, tuvieran que enfrentar un evento tan devastador como un tsunami sin la protección de los manglares, las consecuencias serían catastróficas. La energía de la ola no encontraría obstáculo, resultando en una erosión costera masiva y una inundación mucho más profunda y destructiva. Ciudades como Machala y su puerto, Puerto Bolívar, quedarían expuestas a un impacto directo, con un riesgo incalculable de pérdida de vidas, destrucción de infraestructuras críticas y daños económicos que tardarían décadas en recuperarse. Los manglares no son un simple adorno del paisaje costero; son la primera y más efectiva línea de defensa que la naturaleza ofrece para la protección de las comunidades y la infraestructura costera.

Los manglares son el verdadero pulmón de nuestras costas, un tesoro natural que define la identidad de la provincia de El Oro. Son el motor de nuestra economía y la primera línea de defensa contra desastres naturales. Cada hectárea que perdemos es un golpe a la biodiversidad y a la seguridad de nuestras comunidades. Por eso, debemos reflexionar sobre el desarrollo que queremos y unirnos para protegerlos. Es tiempo de un llamado a la acción para garantizar un futuro sostenible para todos en la provincia.

Referencias:

  • Carvajal, J. y Santillán, M. (2019). Monitoreo de Manglares en el Ecuador. (Publicación en Storymaps de ArcGIS, basada en datos del MAE).
  • Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL). (2001). Control de la pérdida de manglar de la provincia de El Oro, Ecuador. (Tesis de Leo Vasconez, con datos del Clirsen).

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